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lunedì 12 settembre 2016

SI PUO' PREVENIRE IL SUICIDIO?

Suicidio: cómo prevenir la muerte silenciada | España | EL PAÍS

Dos personas agarradas de la mano SALLY ANSCOMBE (GETTY IMAGES) / ATLAS
politica.elpais.com- Suicidio: cómo prevenir la muerte silenciada. Varios expertos en la materia reclaman un plan nacional de prevención sobre el suicidio  – 
Barbara Ayuso Madrid
Sus padres han encontrado la nota de despedida antes de tiempo. Aún no se ha quitado la vida. Tiene 30 años, ningún trastorno de salud mental diagnosticado y está ultimando los detalles de su suicidio. Ya ha escogido la fecha. Cuando su familia halló por casualidad la misiva, acudió a un centro de Salud Mental para saber qué hacer, cómo encarar esa conversación. Cómo ayudarle.
“Muchos profesionales siguen insistiendo en ciertos mitos que no son ciertos. Se recomienda no preguntarle a esa persona directamente si se quiere suicidar, porque eso puede darle la idea. Pero no es así como hay que actuar, hay que abordarlo abiertamente y no evitar la palabra”, explica Javier Jiménez, de la Asociación de Investigación, Prevención e intervención de suicidio (AIPIS).
A ella acudió la familia de este joven en busca de una orientación más personalizada y específica que las dos guías que les facilitaron en el centro. Con el asesoramiento de la asociación —completamente voluntario y exento de ayudas públicas— intentarán que su hijo no se convierta en una de las diez personas que diariamente se quita la vida en España.
Consulta la tasa provincial por cada 100.000 habitantes y las cifras totales nacionales desde 1980.pulsa en la foto 
Consulta la tasa provincial por cada 100.000 habitantes y las cifras totales nacionales desde 1980.
“En los últimos veinte años hemos pasado de ser un país de riesgo bajo de suicidio a riesgo medio, y estamos a punto de pasar al alto” subraya Julio Bobes, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo e integrante de Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP). Con 3.910 muertes al año, el suicidio continúa por tercer año consecutivo marcando récord, situándose como primera causa de muerte no natural en nuestro país, por encima de los accidentes de tráfico. Una realidad que pone el foco en las estrategias para frenar este aumento, que ha llevado a España a superar a Grecia en el número de suicidios dentro de la Unión Europea.
Debido a la transferencia de competencias, los sistemas sanitarios autonómicos son los encargados de desarrollar sus propios protocolos para combatir la tendencia. Pero no hay ningún imperativo. “Eso significa que algunas regiones hacen algo, otras tratan de hacer, y otras no hacen nada. La desigualdad regional es tremenda”, denuncia Bobes. Cataluña lidera el terreno en la prevención, con un plan regional y un Codi Risc Suicidi (CRS) que se aplica en todo su territorio, aunque aún es precipitado estimar su impacto.
“No se han hecho grandes inversiones ni se ha contratado a nadie, el programa se basa en aprovechar los recursos existentes para detectar a las personas con riesgo de suicidio y hacerles un seguimiento de forma proactiva” explica Víctor Pérez Sola, responsable del área de Psiquiatría del Hospital del Mar y asesor de la Generalitat en la atención de las conductas suicidas.
Aunque otras comunidades como Madrid o Asturias cuenten con sus propios protocolos, muchos expertos llevan años demandando que España implante un plan nacional para luchar contra las muertes voluntarias que cumpla con lo que la propia Organización Mundial de la Salud ha solicitado.
Algo que de momento no está en la agenda política y cuyos intentos para llevarla a cabo se han visto históricamente frustrados, a pesar de que el ministerio de Sanidad rubricase acuerdos para hacerlo. El primero data de 2005 en Helsinki, donde se celebró la conferencia ministerial europea de la OMS. Todos los países entonaron el mea culpa y aceptaron que habían desatendido el asunto, comprometiéndose reducir sus cifras para 2010 a través de planes nacionales.
“Nosotros tardamos dos años solo en traducir al español ese documento que habíamos firmado. Se perdieron dos años importantísimos para su aplicación, pero en la década posterior tampoco se ha avanzado nada en este sentido porque en 2009 estalló la crisis y fue la excusa para la dejadez de las autoridades”, recuerda Bobes.
Todo quedó en papel mojado, la misma suerte que corrió la propuesta no de Ley aprobada en el Congreso por unanimidad en 2012 y presentada por la entonces líder de UPyD Rosa Díez. Javier Jiménez formó parte de la comisión de trabajo posterior, conformada para desarrollar el borrador de la futura ley de prevención. “Lo echaron para atrás. Algunas comunidades como Andalucía votaron en contra, y aquello quedó en punto muerto”, recuerda el psicólogo clínico.
Aunque valora muchas de las iniciativas que privada o regionalmente luchan contra el problema (como el Teléfono de la Esperanza) Jiménez considera que el esfuerzo es obviamente insuficiente y se está dando la espalda al problema de fondo: “Lo que hay en España son programas piloto, y solamente en algunos hospitales, como el Código 100 de la Fundación Jiménez Díaz o el del 12 de Octubre”.
El psicólogo revela que se trata de herramientas aún muy básicas, enfocadas fundamentalmente a aquella población reincidente, que ya ha tenido tentativas frustradas. “Pero con eso no basta. Hay que prestar atención también a quienes están en riesgo y aún no lo han intentado. Nosotros no damos abasto, esto es un problema mucho más complejo que requiere ir más allá”, enfatiza.
Estamos cada uno en nuestra Torre de Babel y así es imposible saber la realidad
La nula unificación en los planes deriva, además, en otro problema añadido: la falta de transparencia en la cifra de suicidios totales. Los únicos oficiales son los del INE y datan de 2014.  Muchas comunidades -como Madrid- comunicaron erróneamente los datos durante años y desequilibraron la estadística de defunciones, y hay otras que, según los expertos, ni siquiera las comunican: “Estamos cada uno en nuestra Torre de Babel y así es imposible saber la realidad exacta de lo que está ocurriendo con los suicidios. Para prevenirlo primero tenemos que tener claro qué es lo que pasa, cuántos hay exactamente”, explica Bobes.
Víctor Pérez Solá coincide, y defiende un plan nacional que permita a cada región intervenir en función de las necesidades propias: “Apuesto por un enfoque realista. Que haya una estrategia mínima a escala nacional, con una dotación económica y humana, para que todas las comunidades estén obligadas a establecer protocolos que se adapten a sus particularidades, más urbanas, menos… Porque las características de un suicida en Extremadura no son las mismas que las de Madrid “, agrega. Actualmente, Asturias y Galicia lideran el ránking de suicidios en nuestro país.
El silencio y el tabú
Los expertos responden al unísono sobre qué es lo necesario para frenar el incremento de suicidios, y cómo reforzar la prevención. Reclaman mayor dotación económica y humana (con mejor formación para los profesionales sanitarios), sinergia entre comunidades y mayor concienciación social con los problemas de salud mental. El 90% de los casos de suicidios se producen en pacientes con un enfermedad mental, y de ahí debe arrancar cualquier medida posterior: “En muchas ocasiones se ha puesto de manifiesto la cantidad irrisoria de fondos destinados a la psiquiatría en comparación con los fondos destinados al cáncer. Tenemos un amplio margen de mejora.
Para saber las medidas eficaces preventivas en el suicidio hace falta investigar. Y para eso hace faltan datos, y para eso hace falta dinero”, resume Blanca Reneses. “La depresión mayor es una de las primeras causas de pérdida de vida en el mundo. Mucho más que el cáncer y mucho más que las enfermedades neurológicas. Es un problema de gran impacto que no llama tanto la atención como otros, y el suicidio es una de sus formas de expresión”, lamenta Muyol. “Es la rama pobre de la Sanidad”, apoya Javier Jiménez.
La alarma ya existe, pero nos resistimos a mirarla
La mayoría se apoyan en la probada eficacia de las campañas para reducir la mortalidad en carretera para reclamar acciones similares en materia de suicidios. “Las muertes por suicidio son tan evitables como las de tráfico. Hace falta más concienciación y más campañas públicas, aunque solo con eso no vamos a reducirlo”, opina Víctor Pérez Solá. Abogan por algo mucho más sencillo: hablar de él.
El muro de silencio construido en torno al suicidio ha enquistado el problema hasta invisibilizarlo. Es una muerte silenciosa que queda silenciada. Convienen en la necesidad de que los medios de comunicación sean precavidos a la hora de dar informaciones, pero opinan que las recomendaciones de la OMS (que incluso desaconseja escribir la palabra) fracasan en su objetivo de evitar el efecto contagio.
Apelan a unas directrices cuidadosas (no dar detalles sobre los métodos o no glorificar al suicida) pero variando la deriva actual en la que estos fallecimientos, simplemente, no cuentan. “Mueren diez veces más personas por suicidio que por violencia de género y la causa mayor de muerte de personas jóvenes es el suicidio. Y nadie lo sabe, porque no se habla”, lamenta el psiquiatra.
Javier Jiménez detalla cómo, en un instituto madrileño que había sufrido cinco suicidios de jóvenes en los últimos cinco años, rechazaron que la ASIPI diera una charla de orientación sobre estas conductas. “Nos dijeron que íbamos a alarmar a los estudiantes y a los padres. ¿Cómo iba a alarmar una asociación de prevención? La alarma ya la tienen, pero se resisten a mirarla”, asegura. En general, cunde la sensación de que se ha sobredimensionado la repercusión del efecto contagio. “Es como si dijéramos: no hables de violencia de género, porque eso les va a dar ideas al maltratador y pegarán a las mujeres”, compara Pérez Solá.
Jiménez lleva la comparación unos siglos atrás, cuando el suicida arrastraba un estigma que impedía a la familia enterrarle en el camposanto. O cuando se torturaba públicamente el cadáver del fallecido para que no cundiera el ejemplo. “Ahora se suicidan los que están locos, y esos no tienen remedio. Eso es lo que parece que piensa la sociedad”, lamenta. El estigma ha mutado en silencio.

Big data para frenar los suicidios

En paralelo a la inexistencia de un plan nacional, en los últimos años han surgido nuevos planes de investigación que permitan detectar tempranamente conductas que desembocan en la muerte autoinflingida. La Universidad de Alicante está desarrollando una herramienta para rastrear y detectar mensajes prosuicidas en Internet, y así atacar a uno de los segmentos, el adolescente, donde las cifras de muertes son más alarmantes.
Otro de los ejemplos de cómo el Big Data puede ayudar a la previsión temprana de suicidios es la herramienta HIKARI, pionera en nuestro país. Desarrollada por el Hospital Clínico San Carlos y Fujitsu, intenta que los profesionales sanitarios sean capaces de detectar síntomas suicidas en los pacientes, utilizando para ello los historiales clínicos. “El planteamiento es cómo estudiar la gran cantidad de datos sanitarios para poder entender mejor los problemas de salud mental y permitir a los profesionales trabajar mejor en la identificación de patrones suicidas” explica Julio Mayol, el director del centro.
La psiquiatra Blanca Reneses precisa que se trata de una herramienta de investigación, cuyos resultados se harán públicos cuando finalicen los estudios de campo. “Para poder predecir y prevenir, necesitamos tener buenos datos inicialmente. Esta herramienta ayuda a sintetizar el gran volumen de información”, apostilla, señalando que la mayoría de los que se quitaron la vida habían acudido previamente al sistema sanitario. Se trata de detectar quiénes están en riesgo aunque no hubieran expresado su voluntad manifiesta de suicidarse.
En una fase más avanzada, HIKARI también podrá incorporar otros datos (de meteorología o de las redes sociales) que ayuden a detectar los múltiples factores que influyen en la conducta suicida. En los próximos meses harán públicos los resultados. “De momento aún estamos estudiando si la máquina es suficientemente fiable para identificar lo mismo que identificaría un médico leyendo ciertos datos sobre diagnósticos y hábitos del paciente. Y ahora mismo parece que la inteligencia artificial es bastante fiable”, precisa Muyol.

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